El genero policiaco retoma el protagonismo en las grandes pantallas. Sus vertientes y alternativas parecen no tener fin. Corrupción, asesinatos y traiciones se convierten otra vez en los pilares básicos de una nueva entrega cinematográfica procedente del país de las barras y estrellas. Cuestión de honor es la última apuesta de Hollywood. La película no se limita a ser un mero escenario para acoger violencia gratuita. Tramas ocultas se esconden en un argumento que llega a captar el interés del espectador. Es una apuesta recomendable.

La historia de la película comienza con una emboscada a cuatro policías de Nueva York que mueren. El asesino de policías ha puesto en alerta a todo el Departamento y el Jefe de Detectives Tierney pide a su hijo Ray, también detective, que investigue el caso. Ray no está muy seguro de querer llevar la investigación porque los policías muertos sirvieron bajo las órdenes de su hermano Francis y su cuñado. Lo que en principio parecía un caso de drogas mal resuelto, pronto deriva en un soplón de la policía. Las pistas apuntan a Francis.

La cinta engaña. El inicio apunta a un desenlace muy diferente. Todo apunta a un nuevo film de mera acción desmedida. Pero con el paso de los minutos las dudas empiezan a surgir. Conspiraciones y secretos activan la curiosidad del espectador. Cuestión de honor acaba por convertirse en un pequeño rompecabezas donde las piezas terminan por encajar en un final acorde a la trama.

Cuestión de honor se apoya en un elenco sobresaliente de actores que dan más empaque y credibilidad a la historia narrada. Edward Norton, Colin Farell, John Voight o Noah Emerich son algunas de las estrellas que se pone bajo las órdenes del director Gavin O’Connor.

Corrupción policial, conflictos familiares y temas secundarios como la violencia callejera, el cáncer o las drogas se unen en un atractivo cóctel en Cuestión de honor. La acción a veces tiene un motivo más que argumentado.

Trailer de la película


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